En la era Web2, la identidad está casi completamente ligada a las plataformas. Tanto en redes sociales, sitios de comercio electrónico, servicios financieros o plataformas de contenido, los usuarios dependen de cuentas en plataformas para demostrar quiénes son. Este modelo ha funcionado a gran escala y ofrece una experiencia de usuario fluida, pero su estructura oculta problemas a largo plazo.
En primer lugar, el control de la identidad recae en la plataforma, no en el usuario. Aunque los usuarios generan grandes cantidades de datos, no pueden decidir realmente cómo se almacenan, utilizan o transfieren. Si una cuenta se suspende, una plataforma cierra o cambian las políticas, tanto la identidad como el crédito o los activos asociados pueden desaparecer de forma instantánea.
En segundo lugar, la concentración de datos de identidad supone graves riesgos de seguridad y privacidad. Grandes volúmenes de información de usuarios se almacenan en bases de datos centralizadas, y cualquier filtración o uso indebido puede causar daños irreversibles. Esta es una de las principales causas de los escándalos de privacidad frecuentes en los últimos años.
Estructuralmente, el sistema de identidad Web2 presenta varios problemas clave:
Estos problemas no son fallos de plataformas individuales, sino resultados sistémicos de modelos de identidad centralizados.
La identidad descentralizada (DID) pretende transformar de forma fundamental quién controla la identidad. A diferencia de los sistemas tradicionales de cuentas, DID no depende de ninguna plataforma o institución para su emisión. En su lugar, las identidades se generan y verifican mediante blockchain o redes descentralizadas.
En un sistema DID, el núcleo de la identidad no es una cuenta, sino un conjunto de credenciales criptográficas controladas por el usuario. Los usuarios pueden demostrar su identidad con claves privadas sin exponer toda su información personal a terceros. Esto traslada la identidad de ser reconocida por plataformas a ser verificada por los propios usuarios.
Funcionalmente, DID ofrece varias características clave:
DID no implica anonimato total. Permite autenticación verificable y divulgación selectiva bajo protección de la privacidad, proporcionando una base de confianza más flexible para la sociedad digital.
Sobre la base de la tecnología DID, ha surgido el concepto de identidad autosoberana (SSI). SSI no se refiere a una tecnología concreta, sino que representa un cambio en la filosofía de propiedad y gobernanza de la identidad.
La idea central de SSI es que los individuos deben gestionar sus identidades igual que gestionan sus activos. La identidad deja de pertenecer a plataformas, empresas o sistemas nacionales; en su lugar, los individuos la conservan a lo largo del tiempo, la utilizan en distintos escenarios y autorizan el acceso cuando lo consideran necesario. Esto convierte la identidad en un activo digital sostenible, en vez de una credencial de acceso temporal.
En el marco SSI:
Este cambio significa que la identidad deja de ser una herramienta de acceso y pasa a ser portadora de confianza. Cuando la identidad puede reflejar crédito, cualificaciones, relaciones y acciones históricas, Web3 adquiere el potencial real de reinventar las finanzas, la gobernanza y la colaboración social.