Una Credencial Verificable es, en esencia, una declaración digital emitida por una entidad de confianza y verificable de forma independiente por cualquier persona. A diferencia de los certificados en papel o las bases de datos centralizadas tradicionales, las VC no requieren consultas en tiempo real a la autoridad emisora: basta con verificar la firma para confirmar su autenticidad.
El flujo de trabajo estándar de una VC normalmente incluye las siguientes etapas:
Durante este proceso, la cadena de bloques no almacena el contenido de las credenciales. En su lugar, actúa como ancla de confianza: garantiza que la identidad del emisor pueda verificarse y que las credenciales no puedan ser falsificadas. Este modelo de verificación offline reduce notablemente la dependencia del sistema y los riesgos para la privacidad.
El modelo de confianza de las VC se basa en roles claramente definidos para tres partes, cada una con responsabilidades diferenciadas y sin control centralizado entre ellas.
Desglose de roles:
La principal ventaja de esta estructura es la transferencia de confianza. Una vez que una credencial es emitida por un emisor de confianza, los titulares pueden reutilizarla en distintos escenarios sin tener que volver a la plataforma original para autenticarse. Así, la identidad y el crédito dejan de estar bloqueados en un solo sistema. Además, como los verificadores solo comprueban firmas y estado, sin almacenar datos, todo el sistema mantiene una alta eficiencia a medida que escala.
Los sistemas de identidad tradicionales suelen exigir a los usuarios que revelen información personal excesiva solo para demostrar un único dato. Una de las grandes innovaciones de las VC es integrar la protección de la privacidad como característica fundamental. A través de la divulgación selectiva y las pruebas de conocimiento cero, los titulares pueden acreditar condiciones específicas sin revelar detalles innecesarios; por ejemplo, demostrar que son mayores de 18 años sin compartir la fecha de nacimiento completa.
En la práctica, la protección de la privacidad se refleja de varias formas:
Este mecanismo garantiza que la confianza y la privacidad no sean excluyentes, lo que hace que los sistemas de identidad descentralizada sean especialmente adecuados para sectores sensibles como las finanzas, la sanidad y la educación.