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Interesante lo que está sucediendo en Japón en estos días. La BoJ se prepara para un aumento de las tasas de interés que podría tener efectos más significativos de lo que muchos esperan. Estamos hablando de llevar la tasa de referencia al 0,75%, el nivel más alto en los últimos 30 años. No es un movimiento menor.
Para quienes siguen los mercados desde hace un tiempo, el carry trade japonés siempre ha sido uno de esos factores que mueven las aguas de manera silenciosa. Fondos de cobertura y traders han tomado prestados yenes prácticamente gratis para financiar posiciones en activos de alto riesgo, principalmente tecnología y bonos estadounidenses. Cuando estas tasas de interés en Japón suben, el juego cambia. El dinero deja de fluir hacia los activos riesgosos y comienza la llamada reversión.
El último episodio de ajuste de la BoJ, en julio de 2024, nos lo mostró claramente. Las tasas subieron al 0,5% y lo que ocurrió fue dramático: el yen se apreció, se activó la aversión al riesgo, y el bitcoin cayó de aproximadamente 65.000 dólares a 50.000 dólares en pocas semanas. Pánico puro.
Pero esta vez el contexto es diferente, al menos sobre el papel. Los especuladores ya tienen posiciones largas en yen, lo que significa que un aumento de la BoJ podría no provocar la misma reacción inmediata. Además, los rendimientos de los bonos del Estado japonés ya han subido bastante durante el año, alcanzando máximos pluridecadales. El aumento de las tasas de interés que llegará refleja más que nada que el mercado ya se movió con anticipación.
Por otro lado, la Reserva Federal estadounidense acaba de recortar las tasas en 25 puntos básicos, alcanzando un mínimo trienal. El índice del dólar ha caído a mínimos de siete semanas. Esto crea una dinámica interesante: mientras en Japón las tasas suben, en Estados Unidos bajan. No es el escenario clásico de pánico global.
De todas formas, el bitcoin en este momento está alrededor de 72.800 dólares. No estamos lejos de los niveles previos al verano. Lo que me mantiene atento es la situación fiscal de Japón: deuda al 240% del PIB. Si las cosas se complican, podría convertirse en una fuente seria de volatilidad. Especialmente considerando que el gobierno planea una gran expansión fiscal mientras la inflación se estabiliza en torno al 3% y la credibilidad de la BoJ empieza a ponerse en duda.
El yen se cotiza alrededor de 156 frente al dólar. Un yen más fuerte históricamente ha significado presiones a la baja para el bitcoin, mientras que un yen más débil ha sostenido los precios. La fortaleza del yen restringe las condiciones de liquidez global, y el bitcoin es particularmente sensible a estos movimientos.
El punto es que las tasas de interés en Japón están subiendo, pero el contexto macroeconómico es complejo. No es el escenario simple de hace un año. Hay que monitorear cómo reaccionará el mercado cuando la BoJ tome su decisión, pero también estar atentos a las señales que provienen de la situación fiscal japonesa en los próximos meses. Esa podría ser la verdadera fuente de sorpresas.