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La próxima fuente de crecimiento de la economía mundial proviene de la democratización, la legalización y la liberalización de algunos países.
En los últimos setenta años, además del avance tecnológico, el crecimiento económico mundial también se ha basado en dos estrategias:
La primera es el auge demográfico en Europa y América tras la guerra, donde la gente compraba casas y autos, impulsando la demanda y el crecimiento;
La segunda es la incorporación de China a la división global del trabajo, con cientos de millones de mano de obra barata que ingresaron al mercado, lo que equivalió a una transfusión de sangre para la economía mundial.
Ahora, estas dos estrategias se han agotado.
La población mundial ya no crece, y el espacio para la urbanización también se ha agotado. Lo más problemático es que la deuda de todos los países ha llegado al límite, y la vieja estrategia de financiar infraestructura con préstamos ya no funciona.
¿Entonces, en qué consiste el siguiente paso?
La respuesta es muy simple: incorporar esos recursos que todavía están fuera de la puerta.
Corea del Norte, Irán, Rusia y otros países, con una población que suma varias centenas de millones, con muchos jóvenes y recursos abundantes, están atrapados en sus propios sistemas y no pueden participar en el comercio global. Es como una fábrica que deja la mitad de sus máquinas sin usar, pero se queja de falta de capacidad.
China ya ha demostrado que este camino es viable. Después de unirse a la OMC en 2001, con más de mil millones de personas integradas en el mercado global, cambió todo el mundo.
Por supuesto, China no ha cambiado lo suficiente: solo quiere ser una fábrica, no un mercado, lo que decepcionó mucho a Estados Unidos. Estados Unidos pensaba que, solo haciendo negocios, estos países se volverían gradualmente más abiertos. Pero resultó que no, el crecimiento económico no trae automáticamente reformas políticas. Si lo blando no funciona, lo duro llegará. No es una elección, sino una contradicción estructural que se impone.
Veamos recientemente: Bangladesh ha cambiado, Venezuela e Irán también están en un punto crítico. Estos países, tarde o temprano, abrirán sus puertas porque no pueden seguir viviendo sin hacerlo. Este proceso será muy caótico. Cambios de régimen, turbulencias económicas y fracturas sociales son inevitables.
Pero la dirección está clara: introducir en el mercado global a la población y recursos ociosos es la única forma de superar el cuello de botella del crecimiento.
La revolución tecnológica es importante; pero el potencial liberado por las reformas institucionales no será menor que otra "ascensión de China".
En los próximos veinte años, uno de los mayores impulsores de la economía global provendrá de la apertura forzada de estos países. Este proceso aún no ha terminado.