La verdadera tortura del trading nunca ha sido el mercado.


Sino que en un mismo cuerpo, ves a dos versiones de ti mismo.
Una de ellas, muy consciente. Sabe que hay que esperar la tendencia, que hay que controlar la posición, que el mercado no cambiará de dirección por tu ansiedad.
La otra, sin embargo, arde como fuego. Anhela recuperar lo perdido, anhela demostrar, anhela que en una sola ola pueda cambiar su destino.
Así que todos los días experimentas una guerra interna.
A veces ganas. Te controlas, resistes la impulsividad, observas cómo se desarrolla el mercado, y en tu interior, te sientes en paz.
A veces gana la otra. Entras antes de tiempo, apalancas, retrasas el stop loss, y después sabes claramente que no estás haciendo trading, sino que estás siendo arrastrado por el deseo.
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