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El estrés hídrico redefine las expectativas de cosecha en los granos gruesos 2025/26
La realidad agropecuaria del ciclo 2025/26 dista considerablemente de lo anunciado. Mientras algunos analistas proyectaban una “supercosecha” récord para los granos gruesos y un ingreso histórico de divisas, los datos de campo cuentan una historia más compleja. Las deficiencias en las precipitaciones durante enero y febrero están configurando un panorama marcado por la heterogeneidad regional, donde coexisten lotes con excelentes perspectivas junto a otros severamente comprometidos por el estrés hídrico.
Heterogeneidad extrema: cómo las lluvias fragmentan la zona núcleo
Recorrer la zona núcleo en las últimas semanas revela una realidad paradójica. En algunos sectores, los cultivos lucen saludables: se beneficiaron de chaparrones oportunos o fueron implantados bajo sistemas productivos cuidadosamente diseñados (mayor barbecho, menor densidad de siembra) para anticipar el déficit hídrico. Estos lotes transitan el llenado de grano en condiciones comparativamente favorables, encontrándose la mayoría de los maíces de primera entre media y tres cuartos de línea de leche.
Sin embargo, a poca distancia, el panorama cambia radicalmente. La ausencia de lluvias significativas ha dejado su huella: extensiones considerables exhiben síntomas de sequía severa, proyectando rendimientos mínimos que no permitirán recuperar los costos de producción. Esta disparidad responde, en gran medida, a la distribución irregular de las lluvias. En localidades como Pergamino, las precipitaciones fueron prácticamente nulas durante los períodos críticos, provocando incluso el acartuchamiento de las hojas en los maíces. Por el contrario, hacia el sur santafesino, algunos chaparrones puntuales en días recientes han permitido a los productores mantener expectativas más realistas de producción.
Maíces tardíos: la dependencia crítica de lluvias en enero
Los maíces tardíos constituyeron un caso especial durante esta campaña. Su desarrollo inicial transcurrió con “el tanque semivacío”, dependiendo casi enteramente de las lluvias que debieron arribar en enero. Aquellos sembrados a principios de diciembre completarían su floración alrededor de los 60 días desde la emergencia, atravesando justamente el mes de enero en la etapa más crítica del ciclo: la fecundación y el inicio del llenado de grano.
La distribución dispareja de las lluvias enero ha generado imposibilidad de proyectar rendimientos con precisión. Los productores enfrentan incertidumbre: aquellos cultivos que no recibieron precipitaciones relevantes durante este período crítico poseen escasas posibilidades de alcanzar volúmenes de producción suficientes para cubrir los costos operativos. La ventana temporal fue crucial y las lluvias no fueron equitativas en su distribución espacial, profundizando las diferencias entre regiones y explotaciones.
Soja y desuniformidad: el impacto de las precipitaciones irregulares
Los cultivos de soja reflejan la misma pauta de heterogeneidad observada en maíz. Tanto las siembras tempranas como las de segunda muestran marcadas diferencias de desarrollo, fenómeno que responde directamente a dos factores: la disponibilidad de lluvias y la calidad del manejo agronómico implementado por cada empresa.
Esta desuniformidad es, en cierto sentido, un espejo de las irregularidades climáticas. Mientras que algunos productores lograron adaptar sus decisiones de manejo a las condiciones de precipitación anticipadas, otros enfrentan cultivos comprometidos. La soja, siendo más tolerante al déficit hídrico que el maíz, presenta aún así una brecha importante entre los escenarios optimistas y los realistas en función de las lluvias recibidas.
Perspectivas finales: del optimismo a la prudencia
A medida que avanza marzo y se acerca la cosecha de los granos gruesos, la prudencia reemplaza al optimismo inicial. Las lluvias irregulares del verano dejaron su marca: esta será una cosecha buena en términos generales, pero lejos del récord predicho. La verdadera magnitud de la producción dependerá de si las precipitaciones residuales de estos últimos días pueden aún mitigar parte del daño. Lo que es seguro es que los precios actuales no compensarán, en muchas zonas, la merma de producción originada por el estrés hídrico, alterando significativamente los cálculos económicos de los productores.