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Irán sufre la mayor ciberataque de la historia en medio de los bombardeos Estados Unidos-Irán
—— La guerra moderna, la guerra cibernética como preludio
28 de febrero, junto con la "Operación Furia Épica" y la "Operación Rugido del León" lanzadas por las fuerzas militares de EE. UU. y el ejército de defensa de Israel contra Irán, el país sufrió la mayor y más destructiva campaña de ciberataques coordinados en su historia. Esta operación cibernética no fue un complemento de un ataque militar, sino que constituyó el "primer golpe" y una parte clave de toda la operación, con el objetivo de paralizar el "sistema nervioso digital" de Irán y crear un campo de batalla unidireccional para futuros ataques físicos.
Este ciberataque mostró una complejidad y destrucción sin precedentes, manifestándose principalmente en un "triplete de golpes": primero, desconexión nacional y paralización de infraestructuras. Según la organización global de monitoreo de internet NetBlocks, tras el ataque, la conexión a internet en Irán cayó al 4% de los niveles normales, casi desconectando completamente al país del internet mundial. Segundo, ataques híbridos multidimensionales. La operación combinó guerra electrónica, ataques de denegación de servicio distribuidos y intrusiones profundas en sistemas de datos relacionados con la energía y la infraestructura aérea de Irán, especialmente con la intención de generar caos sistémico mientras se realiza un golpe de energía. Tercero, infiltración prolongada y preposicionamiento selectivo. Se considera que esta operación fue la culminación de una serie de ciberataques iniciados en enero, siendo que los hackeos previos a las transmisiones satelitales del gobierno iraní probablemente sirvieron como reconocimiento y prueba táctica para esta gran operación.
El objetivo estratégico de este ciberataque fue eliminar el "centro nervioso" de Irán, por lo que la selección de objetivos fue altamente táctica y estratégica, buscando lograr efectos de "ceguera", "mudez" y "parálisis". Los principales objetivos incluyen: primero, el sistema de mando, control y propaganda. Las agencias de inteligencia occidentales confirmaron que el objetivo principal fue dañar la infraestructura de comunicaciones de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, para impedir su coordinación de contraataques y destruir la capacidad de las fuerzas cibernéticas y electrónicas iraníes para lanzar drones y misiles balísticos. Además, el sitio web de la Agencia de Comunicaciones de la República Islámica de Irán estuvo inactivo durante mucho tiempo, y la agencia Tasnim, estrechamente vinculada a la Guardia Revolucionaria Islámica, sufrió interrupciones graves y ataques de hackers, en su sitio web aparecieron también mensajes subversivos dirigidos al líder supremo Ali Khamenei, lo que representa no solo una destrucción técnica sino también una guerra psicológica. Segundo, gobernanza estatal y servicios civiles básicos. Aplicaciones locales y servicios digitales gubernamentales en ciudades principales como Teherán, Isfahán y Shiraz sufrieron fallos masivos. Tercero, internet nacional de Irán. La "Internet estatal" diseñada para aislar a Irán del exterior, que había sido preparada durante mucho tiempo, también fue vulnerada en esta ofensiva conjunta, sin poder actuar como respaldo, dejando a los líderes iraníes desconectados en momentos críticos.
Este gran operativo cibernético refleja una estrategia de guerra multilateral clara, con objetivos estratégicos que incluyen: primero, apoyo en combate, mediante la "guerra suave" contra la red de comunicaciones de la Guardia Revolucionaria Islámica para impedir que Irán organice contraataques efectivos en las primeras fases de los bombardeos, reduciendo el riesgo para pilotos estadounidenses y israelíes. Segundo, aislamiento estratégico, cortando las conexiones de Irán con el exterior, bloqueando la difusión de imágenes del campo de batalla y declaraciones gubernamentales, y controlando la opinión pública global. Tercero, guerra psicológica y manipulación cognitiva, mediante la alteración de medios oficiales iraníes para transmitir mensajes anti-gobierno directamente a la población, intentando amplificar el pánico social, socavar la legitimidad del régimen y abrir un "campo de batalla cognitivo" fuera del escenario tradicional.
Este ataque cibernético sin precedentes logró resultados notables: primero, éxito táctico, en coordinación con los bombardeos aéreos, logrando una "desarticulación en la cadena de mando" de Irán; segundo, disuasión estratégica, demostrando que la alianza EE. UU.-Israel posee la capacidad de realizar ataques en ciberespacio con la misma intensidad que en guerra física, es decir, "dar el primer golpe en el campo cibernético"; tercero, aislamiento político, dejando a Irán en un estado de aislamiento informativo antes de poder organizar una contraofensiva, debilitando severamente sus canales de comunicación con el exterior. Este ciberataque dirigido a Irán es un ejemplo típico de la guerra moderna, marcando la completa difuminación de las fronteras entre el ciberespacio y el campo de batalla tradicional, donde las armas cibernéticas ya no son solo herramientas de inteligencia, sino que se han convertido en "pioneros" con capacidad de paralización estratégica.
La acción coordinada de Israel y EE. UU. lanzó ataques aéreos contra Irán el 28 de febrero, atacando múltiples objetivos, con reportes de explosiones en Teherán y otras ciudades. Al mismo tiempo, funcionarios israelíes confirmaron que tomaron medidas preventivas para eliminar la amenaza inminente que representan los misiles y la infraestructura militar iraní. Las autoridades israelíes indicaron que la "Operación Rugido del León" (Operation Lion's Roar) había sido planificada durante meses y coordinada con EE. UU.
El presidente Donald Trump afirmó que EE. UU. había iniciado una "acción de combate importante", describiéndola como un esfuerzo defensivo para detener el avance del programa nuclear y de misiles de largo alcance de Irán. En un video, Trump dijo: "Nuestro objetivo es defender a los estadounidenses eliminando la amenaza inminente del régimen iraní." También agregó que EE. UU. asegurará que Irán no obtenga armas nucleares.
El Departamento de Defensa de EE. UU. denominó su operación contra Irán como "Operación Furia Épica" (Operation Epic Fury), y publicó este nombre en las redes sociales. Es la primera declaración pública del ejército estadounidense desde el inicio de los ataques conjuntos EE. UU.-Israel. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, compartió la declaración en mayúsculas y acompañó con la bandera de EE. UU.
Mientras aviones de combate y misiles de crucero atacaban el centro de mando de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, se reportó que otra línea de ataque paralizó Irán desde adentro. El 28 de febrero, informes indicaron que Irán estaba casi completamente sumido en una "niebla digital", resultado de la gran campaña de ciberataques acompañada por los bombardeos conjuntos de EE. UU. e Israel.
Según medios israelíes, infraestructuras clave, sitios oficiales y sistemas de comunicación seguros en Irán dejaron de funcionar, provocando que los líderes iraníes quedaran incomunicados tanto a nivel interno como internacional.