A principios de 2026, Coinbase Global, Inc. (NASDAQ: COIN) ya no es simplemente una plataforma de intercambio de activos digitales, sino una infraestructura financiera integrada en el sistema regulatorio de Estados Unidos. Sin embargo, al remontarse en su historia, surge la mayor contradicción. En los albores del Bitcoin y en medio de la cultura cripto punk llena de ideales anarquistas y espíritu libertario, Coinbase eligió el camino de los banqueros con traje. Esta decisión generó un ADN completamente diferente al de sus competidores y, tras 13 años de altibajos, consolidó su posición actual.
La conciliación en medio de la rebelión: Coinbase rompe con el anarquismo en sus primeros años
En 2012, en medio de la ola de cultura tecnológica libertaria en Silicon Valley, Brian Armstrong optó por un camino que iba en contra de esa corriente. Este proyecto, nacido en Y Combinator, llamado “Bitbank”, no era solo una billetera, sino que aspiraba a convertirse en una institución financiera con funciones bancarias completas.
Armstrong no era un libertario, sino un emprendedor. Con experiencia en optimización de sistemas de pago en Airbnb, había llegado a una verdad: “La confianza es un servicio”. En ese momento, aunque Bitcoin era tecnológicamente innovador, la experiencia del usuario era sumamente deficiente: direcciones hash de 34 caracteres, clientes de código abierto complejos, riesgo de pérdida total de fondos por errores menores—esto era la realidad.
Tras ser rechazado en la primera solicitud a Y Combinator, Armstrong presentó en la segunda un prototipo de billetera Android y resultados sobre seguridad en pagos. La participación definitiva fue la de otro cofundador, Fred Elsram. Ex operador de divisas en Goldman Sachs, Elsram aportó el ADN de Wall Street y encarnó la estrategia de “adaptación a la regulación”, incompatible con los ideales anarquistas del cripto punk.
Entre 2013 y 2014, en la era de las guerras de exchanges, mientras la mayoría evitaba regulaciones mediante registros offshore, Coinbase tomó un camino diferente: cumplir plenamente con las regulaciones en EE. UU. Para ello, invirtió esfuerzos considerables en convencer a instituciones como Silicon Valley Bank para abrir cuentas bancarias, y emprendió la “Gran Marcha” solicitando licencias de transmisión de dinero en cada uno de los 50 estados.
Aunque esta decisión pareció ralentizar la velocidad competitiva, en junio de 2014, cuando Mt. Gox colapsó tras perder 850,000 bitcoins, la estructura transparente de reservas y el alto cumplimiento de Coinbase demostraron su valor. En medio de la incertidumbre del mercado, inversores institucionales y particulares buscaron refugio en Coinbase. Así, la plataforma se consolidó como un “refugio de activos digitales” y fortaleció su base para sobrevivir a futuras tormentas regulatorias.
La integración del poder: capital y conexiones que otorgan legitimidad política
La primera financiación de Coinbase no fue solo un aporte de fondos, sino una adquisición de legitimidad política. Inversionistas como Fred Wilson de Union Square Ventures y Marc Andreessen de Andreessen Horowitz no solo aportaron dinero, sino que facilitaron conexiones con Washington y Wall Street.
Además, la participación de actores tradicionales como la Bolsa de Nueva York, USAA y BBVA envió un mensaje claro: Coinbase es una empresa cripto dentro del sistema, un “jugador institucional”.
Esta estructura de capital sería clave en futuras batallas regulatorias. El apoyo del establishment financiero no solo era prestigio, sino que proporcionaba acceso directo a los tomadores de decisiones en Washington.
División interna: cuando la lógica empresarial aplasta los ideales culturales
En 2020, tras la muerte de George Floyd, estallaron protestas Black Lives Matter en todo EE. UU. Muchas empresas tecnológicas en Silicon Valley expresaron apoyo público, y los empleados se involucraron activamente en movimientos sociales.
Dentro de Coinbase, la presión también creció. Los empleados exigieron en una AMA (preguntas y respuestas) que Armstrong emitiera una declaración pública de apoyo a BLM. La respuesta fue fría: “La empresa se preocupa por la libertad económica”, nada más.
El 27 de septiembre de 2020, Armstrong publicó en su blog “Coinbase es una empresa con misión”. Ahí dejó claro que los debates políticos y las actividades de justicia social no formaban parte del “núcleo de la misión” de la compañía y que estaban prohibidos en el interior, instando a centrarse en el trabajo.
Armstrong también dio un ultimátum: quienes no estuvieran de acuerdo podían renunciar, y la empresa ofrecería una indemnización de 4 a 6 meses. Como resultado, unos 60 empleados (alrededor del 5%) abandonaron la empresa.
Aunque algunos criticaron esta decisión como “dictatorial”, inversores veteranos como Paul Graham la apoyaron. A la postre, esta “limpieza” ayudó a Coinbase a escapar de las guerras internas de cultura corporativa, similar a Google o Facebook, y a alcanzar una alta eficiencia organizacional en preparación para la IPO.
En ese mismo período, surgió una crisis ética más profunda: una investigación del New York Times reveló discriminación sistemática contra empleados negros en Coinbase, con salarios un 7% más bajos, estereotipos y acoso laboral. Las denuncias impactaron.
La respuesta de Coinbase rompió con la lógica habitual de relaciones públicas: días antes de la publicación, envió una carta abierta a todos los empleados y la publicó en su blog oficial. En ella, anticipaba la cobertura negativa, citaba nombres de ex empleados y afirmaba que no había evidencias de conductas inapropiadas en la investigación interna. Esta estrategia de “anticipación” generó críticas por parte de los medios, pero envió una señal firme a inversores y empleados: Coinbase no se doblegaría ante los medios.
De la corte a la política: enfrentamiento total con el poder regulador
En 2022, otra crisis golpeó el núcleo del negocio de Coinbase. Ishaan Wahi, gerente de producto, usó información privilegiada sobre la inclusión de tokens en la plataforma, conspirando con su hermano Nikhil Wahi y un amigo, Samir Ramani, para obtener más de 1.5 millones de dólares en ganancias ilícitas en al menos 25 transacciones de tokens. Wahi fue condenado a dos años de prisión.
Pero la verdadera amenaza vino después. La SEC presentó una demanda civil en la que definió claramente nueve tokens involucrados como valores (“securities”). Esto implicaba que Coinbase operaba esencialmente como una bolsa de valores no registrada, una acusación fatal.
Mientras Kraken y otros exchanges buscaban acuerdos con las autoridades regulatorias, Coinbase optó por un camino diferente: en principios de 2025, solicitó en la Corte de Apelaciones Federal una “Orden de Mandamus” para obligar a el presidente de la SEC, Gary Gensler, a cumplir con sus funciones. Este acto fue una postura agresiva y desafiante.
El cambio de marea llegó en febrero de 2025, cuando la SEC anunció que retiraba la mayoría de las acusaciones contra Coinbase, logrando una victoria judicial.
Pero el cambio más profundo fue en el mapa de poder en Washington. En las elecciones presidenciales de 2024, la industria cripto invirtió más de 119 millones de dólares, en su mayoría en apoyar a candidatos escépticos a la regulación. En particular, Coinbase y Ripple financiaron conjuntamente el super PAC “Fairshake” para apoyar al senador Sherrod Brown de Ohio, máximo opositor a las criptomonedas, con más de 40 millones de dólares.
Además, Coinbase lanzó “Stand With Crypto”, un movimiento de base que organizó a más de 2.6 millones de holders de cripto para votar y evaluar a políticos (de la A a la F), movilizando a los electores en estados clave. Esta doble estrategia de dinero y votos cambió radicalmente el cálculo del poder en Washington. La derrota de Brown fue una advertencia para todos los políticos: enfrentarse a la industria cripto puede significar el fin de sus carreras políticas.
En 2025, el gasto en lobby de Coinbase alcanzó aproximadamente 1 millón de dólares por trimestre, con expertos como David Proof, ex gerente de campaña de Obama, en su consejo. La empresa se convirtió en un actor clave en el poder político de Washington.
La transformación fundamental del negocio: de comisiones a infraestructura financiera
Los estados financieros de Coinbase reflejan una profunda transformación estructural. La dependencia del volumen de operaciones de los inversores minoristas se reduce, dando paso a ingresos estables por suscripción, staking y custodia.
En 2020, más del 96% de los ingresos de Coinbase provenían de comisiones de trading. Para 2025, esa proporción bajó a un 59%, y los ingresos por suscripción y servicios casi alcanzan la mitad. No es solo un cambio numérico, sino una metamorfosis empresarial.
En 2023, en un mercado extremadamente frío, los ingresos netos fueron aproximadamente 2.9 mil millones de dólares, con unos 1.5 mil millones en comisiones y casi la misma cantidad en servicios, casi a la par. Esto significa que, incluso si el trading se detiene, los ingresos por servicios sostienen la empresa.
En el centro de esta transformación está USDC, la stablecoin emitida conjuntamente por Coinbase y Circle. Con la Reserva Federal manteniendo las tasas, los intereses generados por los activos de respaldo de USDC son muy sólidos. Coinbase, en efecto, obtiene ingresos estables similares a los márgenes de interés neto de los bancos.
En 2024, la aprobación del ETF de Bitcoin físico consolidó aún más este cambio. Para 2025, Coinbase custodia aproximadamente el 85% de los activos en fondos ETF de Bitcoin, incluyendo productos de BlackRock (IBIT), Grayscale (GBTC) y Fidelity. Todos, en realidad, están almacenados en las billeteras frías de Coinbase.
Este dominio tiene un significado profundo: las tarifas de custodia estables y en aumento, y la integración de Coinbase en la infraestructura financiera global. Quienes compran ETF de Bitcoin a través de Fidelity o BlackRock dependen, en última instancia, de la infraestructura de Coinbase.
Reinventando Web3: la superapp y la vuelta a la anarquía
Si los 13 años pasados Coinbase fue una plataforma de trading en la era Web 2.0, ahora busca convertirse en un sistema operativo para la era Web 3.0.
En 2023, Coinbase lanzó “Base”, una red Layer 2 construida sobre OP Stack. Esto marca un cambio estratégico importante: dejar de ser solo un intermediario de tokens para convertirse en la base de las finanzas descentralizadas.
Curiosamente, esta expansión hacia Base puede ser una vuelta parcial a los ideales del cripto punk y el espíritu anárquico. Como infraestructura neutral sin tokens propios, Base busca evitar la centralización y promover un sistema financiero abierto y transparente, en línea con los ideales originales del movimiento.
Pero Coinbase no busca solo una utopía anárquica; su objetivo es construir un “superapp” que asegure su dominio. En Base, integrará funciones financieras como apuestas, almacenamiento y pagos, con la intención de mantener a los usuarios completamente dentro de su plataforma.
Conclusión: del libertarismo al realismo y de nuevo a la anarquía
La historia de Coinbase en 14 años puede resumirse como una paradoja. Partiendo de decisiones que contradecían los ideales libertarios del cripto punk, logró convertirse en líder del sector, enfrentó y venció a las regulaciones, y ahora busca regresar a los ideales de Web3.
El ADN “conservador y regulado” que Armstrong y Elsram eligieron en 2012 sigue presente. Pero también avanza una vuelta hacia Base, la comunidad que la rodea y la filosofía de soberanía individual que sustenta las criptoactividades.
En 2026, Coinbase busca coexistir con las instituciones regulatorias en Washington mientras construye un futuro descentralizado para Web3. La verdadera historia de Coinbase está en esa contradicción y paradoja: alcanzar la anarquía a través de la aceptación de la regulación.
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Imperio financiero que rechazó el anarquismo: la evolución paradójica de 14 años de Coinbase
A principios de 2026, Coinbase Global, Inc. (NASDAQ: COIN) ya no es simplemente una plataforma de intercambio de activos digitales, sino una infraestructura financiera integrada en el sistema regulatorio de Estados Unidos. Sin embargo, al remontarse en su historia, surge la mayor contradicción. En los albores del Bitcoin y en medio de la cultura cripto punk llena de ideales anarquistas y espíritu libertario, Coinbase eligió el camino de los banqueros con traje. Esta decisión generó un ADN completamente diferente al de sus competidores y, tras 13 años de altibajos, consolidó su posición actual.
La conciliación en medio de la rebelión: Coinbase rompe con el anarquismo en sus primeros años
En 2012, en medio de la ola de cultura tecnológica libertaria en Silicon Valley, Brian Armstrong optó por un camino que iba en contra de esa corriente. Este proyecto, nacido en Y Combinator, llamado “Bitbank”, no era solo una billetera, sino que aspiraba a convertirse en una institución financiera con funciones bancarias completas.
Armstrong no era un libertario, sino un emprendedor. Con experiencia en optimización de sistemas de pago en Airbnb, había llegado a una verdad: “La confianza es un servicio”. En ese momento, aunque Bitcoin era tecnológicamente innovador, la experiencia del usuario era sumamente deficiente: direcciones hash de 34 caracteres, clientes de código abierto complejos, riesgo de pérdida total de fondos por errores menores—esto era la realidad.
Tras ser rechazado en la primera solicitud a Y Combinator, Armstrong presentó en la segunda un prototipo de billetera Android y resultados sobre seguridad en pagos. La participación definitiva fue la de otro cofundador, Fred Elsram. Ex operador de divisas en Goldman Sachs, Elsram aportó el ADN de Wall Street y encarnó la estrategia de “adaptación a la regulación”, incompatible con los ideales anarquistas del cripto punk.
Entre 2013 y 2014, en la era de las guerras de exchanges, mientras la mayoría evitaba regulaciones mediante registros offshore, Coinbase tomó un camino diferente: cumplir plenamente con las regulaciones en EE. UU. Para ello, invirtió esfuerzos considerables en convencer a instituciones como Silicon Valley Bank para abrir cuentas bancarias, y emprendió la “Gran Marcha” solicitando licencias de transmisión de dinero en cada uno de los 50 estados.
Aunque esta decisión pareció ralentizar la velocidad competitiva, en junio de 2014, cuando Mt. Gox colapsó tras perder 850,000 bitcoins, la estructura transparente de reservas y el alto cumplimiento de Coinbase demostraron su valor. En medio de la incertidumbre del mercado, inversores institucionales y particulares buscaron refugio en Coinbase. Así, la plataforma se consolidó como un “refugio de activos digitales” y fortaleció su base para sobrevivir a futuras tormentas regulatorias.
La integración del poder: capital y conexiones que otorgan legitimidad política
La primera financiación de Coinbase no fue solo un aporte de fondos, sino una adquisición de legitimidad política. Inversionistas como Fred Wilson de Union Square Ventures y Marc Andreessen de Andreessen Horowitz no solo aportaron dinero, sino que facilitaron conexiones con Washington y Wall Street.
Además, la participación de actores tradicionales como la Bolsa de Nueva York, USAA y BBVA envió un mensaje claro: Coinbase es una empresa cripto dentro del sistema, un “jugador institucional”.
Esta estructura de capital sería clave en futuras batallas regulatorias. El apoyo del establishment financiero no solo era prestigio, sino que proporcionaba acceso directo a los tomadores de decisiones en Washington.
División interna: cuando la lógica empresarial aplasta los ideales culturales
En 2020, tras la muerte de George Floyd, estallaron protestas Black Lives Matter en todo EE. UU. Muchas empresas tecnológicas en Silicon Valley expresaron apoyo público, y los empleados se involucraron activamente en movimientos sociales.
Dentro de Coinbase, la presión también creció. Los empleados exigieron en una AMA (preguntas y respuestas) que Armstrong emitiera una declaración pública de apoyo a BLM. La respuesta fue fría: “La empresa se preocupa por la libertad económica”, nada más.
El 27 de septiembre de 2020, Armstrong publicó en su blog “Coinbase es una empresa con misión”. Ahí dejó claro que los debates políticos y las actividades de justicia social no formaban parte del “núcleo de la misión” de la compañía y que estaban prohibidos en el interior, instando a centrarse en el trabajo.
Armstrong también dio un ultimátum: quienes no estuvieran de acuerdo podían renunciar, y la empresa ofrecería una indemnización de 4 a 6 meses. Como resultado, unos 60 empleados (alrededor del 5%) abandonaron la empresa.
Aunque algunos criticaron esta decisión como “dictatorial”, inversores veteranos como Paul Graham la apoyaron. A la postre, esta “limpieza” ayudó a Coinbase a escapar de las guerras internas de cultura corporativa, similar a Google o Facebook, y a alcanzar una alta eficiencia organizacional en preparación para la IPO.
En ese mismo período, surgió una crisis ética más profunda: una investigación del New York Times reveló discriminación sistemática contra empleados negros en Coinbase, con salarios un 7% más bajos, estereotipos y acoso laboral. Las denuncias impactaron.
La respuesta de Coinbase rompió con la lógica habitual de relaciones públicas: días antes de la publicación, envió una carta abierta a todos los empleados y la publicó en su blog oficial. En ella, anticipaba la cobertura negativa, citaba nombres de ex empleados y afirmaba que no había evidencias de conductas inapropiadas en la investigación interna. Esta estrategia de “anticipación” generó críticas por parte de los medios, pero envió una señal firme a inversores y empleados: Coinbase no se doblegaría ante los medios.
De la corte a la política: enfrentamiento total con el poder regulador
En 2022, otra crisis golpeó el núcleo del negocio de Coinbase. Ishaan Wahi, gerente de producto, usó información privilegiada sobre la inclusión de tokens en la plataforma, conspirando con su hermano Nikhil Wahi y un amigo, Samir Ramani, para obtener más de 1.5 millones de dólares en ganancias ilícitas en al menos 25 transacciones de tokens. Wahi fue condenado a dos años de prisión.
Pero la verdadera amenaza vino después. La SEC presentó una demanda civil en la que definió claramente nueve tokens involucrados como valores (“securities”). Esto implicaba que Coinbase operaba esencialmente como una bolsa de valores no registrada, una acusación fatal.
Mientras Kraken y otros exchanges buscaban acuerdos con las autoridades regulatorias, Coinbase optó por un camino diferente: en principios de 2025, solicitó en la Corte de Apelaciones Federal una “Orden de Mandamus” para obligar a el presidente de la SEC, Gary Gensler, a cumplir con sus funciones. Este acto fue una postura agresiva y desafiante.
El cambio de marea llegó en febrero de 2025, cuando la SEC anunció que retiraba la mayoría de las acusaciones contra Coinbase, logrando una victoria judicial.
Pero el cambio más profundo fue en el mapa de poder en Washington. En las elecciones presidenciales de 2024, la industria cripto invirtió más de 119 millones de dólares, en su mayoría en apoyar a candidatos escépticos a la regulación. En particular, Coinbase y Ripple financiaron conjuntamente el super PAC “Fairshake” para apoyar al senador Sherrod Brown de Ohio, máximo opositor a las criptomonedas, con más de 40 millones de dólares.
Además, Coinbase lanzó “Stand With Crypto”, un movimiento de base que organizó a más de 2.6 millones de holders de cripto para votar y evaluar a políticos (de la A a la F), movilizando a los electores en estados clave. Esta doble estrategia de dinero y votos cambió radicalmente el cálculo del poder en Washington. La derrota de Brown fue una advertencia para todos los políticos: enfrentarse a la industria cripto puede significar el fin de sus carreras políticas.
En 2025, el gasto en lobby de Coinbase alcanzó aproximadamente 1 millón de dólares por trimestre, con expertos como David Proof, ex gerente de campaña de Obama, en su consejo. La empresa se convirtió en un actor clave en el poder político de Washington.
La transformación fundamental del negocio: de comisiones a infraestructura financiera
Los estados financieros de Coinbase reflejan una profunda transformación estructural. La dependencia del volumen de operaciones de los inversores minoristas se reduce, dando paso a ingresos estables por suscripción, staking y custodia.
En 2020, más del 96% de los ingresos de Coinbase provenían de comisiones de trading. Para 2025, esa proporción bajó a un 59%, y los ingresos por suscripción y servicios casi alcanzan la mitad. No es solo un cambio numérico, sino una metamorfosis empresarial.
En 2023, en un mercado extremadamente frío, los ingresos netos fueron aproximadamente 2.9 mil millones de dólares, con unos 1.5 mil millones en comisiones y casi la misma cantidad en servicios, casi a la par. Esto significa que, incluso si el trading se detiene, los ingresos por servicios sostienen la empresa.
En el centro de esta transformación está USDC, la stablecoin emitida conjuntamente por Coinbase y Circle. Con la Reserva Federal manteniendo las tasas, los intereses generados por los activos de respaldo de USDC son muy sólidos. Coinbase, en efecto, obtiene ingresos estables similares a los márgenes de interés neto de los bancos.
En 2024, la aprobación del ETF de Bitcoin físico consolidó aún más este cambio. Para 2025, Coinbase custodia aproximadamente el 85% de los activos en fondos ETF de Bitcoin, incluyendo productos de BlackRock (IBIT), Grayscale (GBTC) y Fidelity. Todos, en realidad, están almacenados en las billeteras frías de Coinbase.
Este dominio tiene un significado profundo: las tarifas de custodia estables y en aumento, y la integración de Coinbase en la infraestructura financiera global. Quienes compran ETF de Bitcoin a través de Fidelity o BlackRock dependen, en última instancia, de la infraestructura de Coinbase.
Reinventando Web3: la superapp y la vuelta a la anarquía
Si los 13 años pasados Coinbase fue una plataforma de trading en la era Web 2.0, ahora busca convertirse en un sistema operativo para la era Web 3.0.
En 2023, Coinbase lanzó “Base”, una red Layer 2 construida sobre OP Stack. Esto marca un cambio estratégico importante: dejar de ser solo un intermediario de tokens para convertirse en la base de las finanzas descentralizadas.
Curiosamente, esta expansión hacia Base puede ser una vuelta parcial a los ideales del cripto punk y el espíritu anárquico. Como infraestructura neutral sin tokens propios, Base busca evitar la centralización y promover un sistema financiero abierto y transparente, en línea con los ideales originales del movimiento.
Pero Coinbase no busca solo una utopía anárquica; su objetivo es construir un “superapp” que asegure su dominio. En Base, integrará funciones financieras como apuestas, almacenamiento y pagos, con la intención de mantener a los usuarios completamente dentro de su plataforma.
Conclusión: del libertarismo al realismo y de nuevo a la anarquía
La historia de Coinbase en 14 años puede resumirse como una paradoja. Partiendo de decisiones que contradecían los ideales libertarios del cripto punk, logró convertirse en líder del sector, enfrentó y venció a las regulaciones, y ahora busca regresar a los ideales de Web3.
El ADN “conservador y regulado” que Armstrong y Elsram eligieron en 2012 sigue presente. Pero también avanza una vuelta hacia Base, la comunidad que la rodea y la filosofía de soberanía individual que sustenta las criptoactividades.
En 2026, Coinbase busca coexistir con las instituciones regulatorias en Washington mientras construye un futuro descentralizado para Web3. La verdadera historia de Coinbase está en esa contradicción y paradoja: alcanzar la anarquía a través de la aceptación de la regulación.